Papá Noel según Chesterton.

Ruego se me tenga como exceptuado ante la convicción dominante de nuestros contemporáneos de que el paso de los años termina con nuestra creencia en Papá Noel.

A mí me ha ocurrido exactamente lo contrario de lo que aparentemente le ocurre a la mayoría de mis amigos. En lugar de ir palideciendo su imagen hasta prácticamente desaparecer, Papá Noel no ha ido sino creciendo más y más en mi existencia al punto de prácticamente ocuparla por entero.

Y ocurrió del siguiente modo. Siendo chico me encontré con un fenómeno que requería explicación; colgué una media vacía de la punta de mi cama que a la mañana siguiente apareció convertida en una media con un regalo adentro. Yo no había hecho nada para producir las cosas que estaban dentro. No había trabajado por esas cosas, ni las había hecho ni ayudado a fabricarlas. Ni siquiera había sido bueno—lejos de eso. Y la explicación suministrada era que un cierto ser que la gente daba en llamar Papá Noel se hallaba dispuesto benevolentemente respecto de mi persona. Desde luego, la mayoría de la gente que habla de estas cosas suelen verse atacadas de un cierto estado de confusión mental a raíz del cual se les da por atribuir enorme importancia al nombre de esta entidad. Lo llamamos Papá Noel porque todo el mundo lo llamaba Papá Noel; pero el caso es que el mero nombre de una divinidad no pasa de ser una etiqueta. Su nombre verdadero bien podría haber sido Williams. Podría haber sido el Arcángel Uriel. Lo que nosotros creíamos era que un cierto agente de notable benevolencia había querido darnos esos juguetes a cambio de nada. Y, como digo, lo sigo creyendo.

Sólo he ampliado la idea. Por entonces sólo me maravillaba pensando quién pudo haber sido el que había puesto los juguetes en la media; ahora me pregunto quien puso la media al lado de la cama, la cama en el cuarto, el cuarto en la casa, la casa en este planeta y el planeta en el vacío. Hubo un tiempo en el que me conformaba con agradecerle a Papá Noel por un par de muñecos y algunos petardos, pero ahora le doy gracias por las estrellas y los rostros en la calle y el vino y el grandioso mar. Hubo un tiempo en que encontraba delicioso y maravilloso encontrarme con un juguete tan grande que apenas si entraba a la media por la mitad. Ahora cada mañana estoy encantado y admirado de encontrarme ante un regalo tan grande que ni dos medias alcanzan para contenerlo—y luego, pasa que deja buena parte afuera: se trata del inmenso y absurdo regalo de mi propia persona, sobre cuyos orígenes no tengo sugerencia para formular a no ser la de que Papá Noel me lo regaló en un arranque de una muy peculiar y absolutamente fantástica benevolencia.

Tomado de un artículo intitulado “My Experiences with Santa Claus” publicado originalmente en el diario Black and White y reimpreso en The London Tablet en 1974.
Tradujo J. Tollers.

 

 

 

Anuncios

Aprender con los sentidos.

Hoy quisiera compartir con ustedes las palabras de un colega amigo, el profesor de Filosofía Jorge Bosco, oriundo de la provincia de Córdoba, quien gentilmente nos regala estas palabras respecto de la educación clásica. Esta manera de llevar adelante el proceso maravilloso de aprendizaje es lo que proponemos desde Mare Verum como método educativo. Los niños aprenden de manera natural y sin esfuerzo. El mundo entero entra pasando primero por sus sentidos.

Cuando hablamos de leer, nos referimos a los buenos libros, los grandes libros, los clásicos o también a los que Charlotte Mason define como “libros vivos”. Leer más »

El método educativo de Charlotte Mason

HARLOTTE MASON (1842-1923)
Fue una educadora británica que vivió a fines del siglo XIX y fue contemporánea de María Montessori (1870-1952). Fue maestra, fundadora y directora de escuelas PNEU (Parents’ National Education Union). Dedicó mucho tiempo y se ocupó especialmente en la formación de padres, maestros y niñeras. Escribió libros en los cuales abordó temáticas tales como la crianza, la educación formal y la formación del carácter.Leer más »

Una propuesta que parte del asombro.

El motor de la motivación del niño es sin dudas, el asombro.

El paradigma CONDUCTISTA nos dice que los niños son como recipientes vacíos. Que debemos llenar esos recipientes con información… Que son seres pasivos, casi como si fueran cosas y no fueran personas. Pero la realidad es que los niños son personas, como nos recuerda Charlotte Mason, los niños desde que nacen, buscan el aprendizaje, son inquietos, les nace desde dentro el deseo de aprender. Es una necesidad vital. Leer más »

El aprendizaje a través de las palabras.

Por qué en Mare Verum damos mayor importancia a un texto que a un documental o a un video educativo? Sobre todo si el texto es de alta calidad literaria.
La educación clásica está centrada en el lenguaje. El aprendizaje se logra, en gran medida, a través de la palabra, escrita u oral, también de la experiencia real, de los acontecimientos vividos, o de la observación del mundo que nos rodea. Pero definitivamente el aprendizaje no se logra tan solo de ver imágenes tales como fotos o imágenes audiovisuales, los cuales pueden ser una herramienta útil en determinadas circunstancias pero que jamás sustituirán al texto, al lenguaje. Leer más »

¿Qué es la Educación Clásica?

La educación basada en las artes liberales, o educación clásica es un proceso de formación integral del ser humano en tres partes. Tres partes de un mismo proceso de desarrollo.

Durante los primeros años, el niño absorbe lo que vive, lo que lo rodea, los hechos que experimenta a diario, lo que contempla y descubre, lo que le leen y lee él mismo, absorbe como si fueran las raíces de un árbol, con mucha avidez y curiosidad, sentando las bases para el estudio avanzado que vendrá más adelante.

En los años o grados intermedios, los estudiantes aprenden a pensar con argumentos en forma lógica, relacionan y conectan ideas, aprenden a razonar.

A partir de los 15 o 16 años, aprenden a expresarse claramente, precisamente y coherentemente, tanto en forma oral como escrita.

Este patrón clásico  de tres etapas, se llama trivium.Leer más »