Aprender con los sentidos.

Hoy quisiera compartir con ustedes las palabras de un colega amigo, el profesor de Filosofía Jorge Bosco, oriundo de la provincia de Córdoba, quien gentilmente nos regala estas palabras respecto de la educación clásica. Esta manera de llevar adelante el proceso maravilloso de aprendizaje es lo que proponemos desde Mare Verum como método educativo. Los niños aprenden de manera natural y sin esfuerzo. El mundo entero entra pasando primero por sus sentidos.

Cuando hablamos de leer, nos referimos a los buenos libros, los grandes libros, los clásicos o también a los que Charlotte Mason define como “libros vivos”.

Sin mas introducción los dejo con esta breve pero riquísima reflexión:

 Aristóteles decía “nada hay en el intelecto que antes no haya pasado por los sentidos”, de manera que los sentidos nos reportan los “datos” de las cosas, y a partir de ello nuestra mente abstrae y define la esencia, la naturaleza de esas cosas. De allí viene la palabra inteligencia: “intus legere”, leer dentro de las cosas, para conocerlas y para ordenarlas: “sapientis est ordinare”, lo propio del sabio es ordenar decía Santo Tomás.¿Y entonces? Si los sentidos son tan importantes como “reporteros”, hay que lograr que los chicos aprendar a utilizarlos, a concentrarlos, a enfocarlos en ese trabajo informativo. Una manera es mediante la lectura en voz alta. Nótese que cuando leo en silencio (un ejercicio que también es saludable, por supuesto: “el silencio es el padre de toda música” decía Marechal) sólo “reporto” con los ojos. Pero si leo en voz alta, ahora mis ojos, mis oídos, mi lengua están reportando. De yapa, practico mi dicción, tonifico los músculos de la boca y doy el tono exacto a mi voz; practico la concentración a la palabra oída. Al modular, incluso al trabarme y repetir, estoy “masticando” el texto. Y no puedo evitar el verso del Martín Fierro: “la vaca que más rumea / es la que da mejor leche”.Pero además, el texto tiene que ser recibido, rumeado, y devuelto en la escritura. Porque al escribir, ordeno las ideas, integro, me apropio con mi producción personal de la lectura realizada. Me apropio al punto de que soy capaz de reformularla, con mis propias palabras, claro; tal vez ni tan bellas ni tan profundas como las del original. Pero allí está mi alma manifestando un conocimiento aprehendido con hondura. Y ahora, fíjense que de alguna manera, puedo decir que estoy “tocando” el texto.Las letras, las ideas, las concepciones de la vida, entran dulcemente por el oído, con un ejercicio casi imperceptible. Hay que leer en voz alta, y en familia, entre hermanos y entre amigos. 

Jorge Bosco.

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