Asombro, respeto y autoridad

¿Cómo conseguir que los niños tengan respeto para el conocimiento y para quien se lo transmite? 

Podemos enseñar a los niños una serie de conceptos, de nombres de cosas, llenarles de datos como si fueran máquinas inteligentes, pero si no conseguimos que el preámbulo de ese conocimiento tenga como origen el asombro, no solo el aprendizaje no será sostenible, sino que además no tendrá sentido. En el aprendizaje sin asombro, los niños no tienen respeto verdadero por lo conocido, porque el sentido del asombro es lo que hace que uno contemple la realidad con humildad, agradecimiento, deferencia, sentido del misterio y admiración. Esa actitud de respeto repercutirá lógicamente sobre la forma en que el niño considera y respeta a las personas que actúan como intermediario entre él y el milagro de la realidad, tanto en el ámbito familiar como educativo. Ese efecto puede explicar muchos de los problemas que nos encontramos hoy en día en nuestros hogares y en nuestras aulas y que equivocadamente pensamos poder resolver con métodos que contemplan indicadores mecanicistas como por ejemplo el autoritarismo y el permisivismo.

No se impone la autoridad en la enseñanza, ni se gana a base de no exigir o de hacerse el inmaduro, sino que se genera respeto a través del sentido del asombro para lo que se descubre.

 

Por Catherine L’Ecuyer

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